Jorge Lorenzo ha enterrado su calvario con las lesiones para llegar al Gran Premio VisitQatar con ganas de dar guerra.

A sus 31 años, es el paradigma del esfuerzo. Pero lo que le ha tocado vivir a Jorge Lorenzo (Repsol Honda Team) durante los últimos cinco meses podría noquear mentalmente a cualquiera.

El «99», lejos de amilanarse, ha trabajado duro para obtener la recompensa de plantarse en el Gran Premio VisitQatar con las ilusiones renovadas y con licencia para soñar con volver a pelear por el que sería su cuarto entorchado mundial de la categoría reina.

Su particular calvario de lesiones se remonta al pasado 23 de septiembre, con su desafortunada caída en la primera curva del GP de Aragón, que le supuso la fractura y la luxación de varios dedos del pie derecho. Abogó por forzar y, apenas dos semanas más tarde, recibió un castigo aún más severo, cuando se fracturó el radio de la mano izquierda durante los segundos entrenamientos libres del GP de Tailandia.

Pese al golpe anímico, Lorenzo trató de acelerar en su recuperación y llegó al GP de Japón dispuesto a pilotar. Se probó, pero el dolor era insufrible. No volvió a rodar sobre el trazado de Motegi y también causó baja en el GP de Australia.

Octubre se le empezaba a atragantar seriamente al ’99’ y, para colmo de males, volvería a recibir otro revés. Nuevas pruebas le llevaron a ser intervenido en un ligamento de la mano izquierda, provocando su ausencia en el GP de Malasia.

A Jorge Lorenzo solo le quedaba la posibilidad de quitarse la espina en Valencia. Corrió, pese a estar lejos de su mejor nivel físico, bajando el telón de su etapa con Ducati finalizando 12º con la DesmosediciGP en una accidentada carrera pasada por agua.

Pocos días después realizó el primer test con HRC en el mismo circuito y una semana más tarde hizo lo propio en Jerez. Apenas cuatro días más tarde se sometería a una nueva intervención en el Hospital Universitari Dexeus-Grupo Quirónsalud, esta vez en su tobillo derecho, para liquidar algunas secuelas del accidente sufrido dos meses antes en MotorLand.

Parecía que después de la tormenta llegaría la calma. Un merecido «reset» invernal con el que recargar pilas para empezar el 2019 al máximo. Pero, cuando todo parecía estar de cara, llegó un nuevo mazazo. El 19 de enero, casi cuatro meses después del inicio de su particular «vía crucis», Lorenzo se fracturaba el escafoides de la mano izquierda en una desafortunada caída practicando dirt track.

Era el último directo al mentón de un piloto que no estaba dispuesto a besar la lona. La primera medida fue clara: el mallorquín se perdería el test de Sepang. Todo fueron buenas maneras por parte del «992 en una atípica presentación de Repsol Honda en la que tuvo que cortarse el mono ante la aparatosa escayola que lucía.

Tras perderse el test de Sepang, Jorge deshojó la margarita sin prisa, pero sin pausa, trabajando sobre la zona afectada día tras día con el objetivo de llegar al test de Qatar.

Un esfuerzo encomiable que compartió regularmente a través de las redes sociales. Losail, por fin, dictó sentencia. Un test crucial en el que fue de menos a más, hasta mostrar un gran dominio de la RC213V para quedarse a tan solo 40 milésimas de la mejor vuelta marcada por su compañero de equipo, Marc Márquez.

El espartano había vuelto para quedarse. Tras cinco meses preso en un auténtico purgatorio de lesiones, el tricampeón mundial deMotoGP puede volver a fantasear con la gloria. Se lo ha ganado a pulso.

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