Nick Harris sobre Randy Mamola, que en Austin se unirá al club de las MotoGP Legends.

Nunca nadie ha merecido tanto la consagración de ser incluido entre las MotoGP Legends como Randy Mamola. El problema es encontrar el espacio suficiente para explicar el por qué, ya que cumple con cada requisito, lejos de cumplir solo uno.

Randy Mamola no me dará las gracias por recordar que es el primer piloto que sin ser Campeón del Mundo entrará en este exclusivo club, pero lo mires como lo mires esto lo hace más especial y decididamente merecido. Su dedicación apasionada a este deporte, a la seguridad de los pilotos y a los actos benéficos de Riders for Health, su capacidad para luchar contra la adversidad, lealtad, su cabezonería, un auténtico hombre de familia y uno de los hombres más graciosos que he conocido.

Los libros de récords no pueden contar la verdadera historia. Trece victorias en gran premio en 500cc, más que los Campeones del Mundo Marco Lucchinelli, Franco Uncini y Kenny Roberts Junior, le hacen un subcampeón rompedor, situado segundo hasta cuatro veces en ocasiones separadas en el Campeonato del Mundo. Era un piloto de carreras brillante que ciertamente se quedó sin suerte en el momento equivocado, y se encontró corriendo en una era dorada de puro talento, especialmente venido desde su propia tierra.

Randy Mamola

Desde el momento que ese adolescente descarado pecoso venido de California aterrizó en Europa, supimos que venía para divertirse y para jugar dentro y fuera de la pista.

En el circuito, recuerdo esa primera victoria en una extraña visita a Zolder en 1980 seguido de otra victoria en el GP de Gran Bretaña. La mil veces televisada salvada con la Honda de Rothmans en Italia y las dos brillantes victorias en Assen. Fuera de la pista Randy Mamola era el indiscutible campeón del mundo liderando una época de fiestas en el paddock, coches de alquiler destrozados y celebraciones salvajes los domingos por la noche antes de moverse hasta situar tu vida y tu cuerpo en la salida de la siguiente carrera.

En 1987 llegamos a un pueblo de fiesta llamado Goiania en Brasil, donde el ganador del Campeonato del Mundo iba a decidirse. Randy había ganado en Japón, Francia y San Marino, y aún tenía alguna posibilidad de que Wayne Gardner no se llevara el título. Era el primer Gran Premio en Goiania y la noche antes al primer día de entrenamientos se les pidió a los pilotos, sentados alrededor de la piscina, que dieran su opinión sobre el concurso de Miss GP de Brasil. Nos sorprendimos de no ver a Randy ofreciendo su punto de vista, pero cuando una pecosa “señorita” apareció por las escaleras, vestida de punta en blanco y totalmente maquillada, nos dimos cuenta por qué.

Fue especialmente duro para Randy Mamola cuando se retiró. Sin Campeonato del Mundo que celebrar y ninguna valiosa recompensa para su espléndida trayectoria tras algunas desastrosas inversiones por parte de otros. Luchó de nuevo de la misma forma en la que había pilotado aquellas increíbles 500cc dos tiempos. Randy encabezó la campaña de Riders for Health para combatir las enfermedades en África, con la misma pasión y simpleza de ideas que le hizo tan buen piloto.

Es merecido embajador de muchas empresas inmersas en MotoGP, un mentor de pilotos inspirador y hace un trabajo genial sobre la moto biplaza que ofrece la experiencia de su vida a aquellos afortunados invitados de Ducati. Gran parte de su amor por el deporte que le ha dado toda una montaña rusa de emociones nunca, ni una sola vez, se ha tambaleado, y aquel pícaro sentido del humor y de la diversión nunca se irá.

Randy Mamola, un verdadero amigo y una MotoGP Legend.

Randy Mamola

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