En un mundo cada vez más amenazado por el colapso que puede provocar la falta de petróleo, se están buscando energías alternativas como el motor eléctrico, el solar o también el que se basa en la célula de hidrógeno. Este último podría ser el combustible del futuro, aunque la energía que se necesita para obtener hidrógeno a partir de agua es bastante elevada.

Debemos pensar que dos terceras partes de la tierra son agua, por lo que disponemos de hidrógeno en cantidad prácticamente ilimitada. Además, cuando el hidrógeno hace la combustión no se desprende ningún tipo de agente contaminante. Sólo hay un problema: cómo aislar el hidrógeno del agua.

Hace ya bastantes años surgieron algunos inventores que aseguraban haber conseguido hacer un motor que funcionaba con agua. En este reportaje nos adentramos en este tipo de motor, un invento que a menudo ha estado rodeado de un aura de misterio. A veces incluso se ha considerado que una mano negra, representada por las petroleras, no quería bajo ningún concepto que este invento saliera a la luz. “Conspiranoia” o no, juzgadlo vosotros mismos.

Jules Verne, en la novela La Isla Misteriosa (1875), ya planteaba que el agua seria el combustible del futuro. Más adelante, los nazis, siempre punteros en cuanto a inventos secretos, consiguieron hacer gasolina sintética gracias a un proceso llamado Bergius, pero el proyecto resultó económicamente ruinoso. El primer motor de agua conocido es obra de un inventor de origen extremeño llamado Arturo Estévez Varela.

El peculiar invento de Varela

Botijo en mano, echando combustible

Estévez Varela, botijo en mano, echando combustible

Este notable personaje inventó un motor que funcionaba con agua. Lo montó en una motocicleta y se dedicó a hacer demostraciones por pueblos y ciudades. También llegó a hacer funcionar un Seat 600 con su motor de agua. Estévez Varela era perito en ingeniería.

Comenzaba sus demostraciones bebiendo agua de un botijo, para asegurar al público que aquello era agua normal y corriente. Luego llenaba con agua del botijo el depósito de la motocicleta y añadía otro producto secreto, cuya naturaleza nunca reveló. Según el ingeniero, este producto secreto, que costaba en aquella época (principios de los 70) 10 ptas. el kilo, al entrar en contacto con el agua provocaba una reacción de la que se obtenía inmediatamente hidrógeno, sin necesidad de calor ni de electricidad. Para acabar de redondearlo, este fantástico motor era más eficiente que los de gasolina.

A pesar de las numerosas demostraciones que hizo por toda España, Estévez Varela no convenció nunca a la comunidad científica. Los científicos no admitían que un motor que utilizaba agua, a la que se añadía un producto desconocido, fuera capaz de producir la energía suficiente para mover un vehículo. Tras consultar al colegio de peritos industriales, el mismo Franco ordenó a la prensa que no divulgaran más este tema.

 

Estévez Varela tenía patentados prácticamente 100 inventos, y llegó a conseguir dos medallas de plata en dos certámenes internacionales, una con un purificador de gases contaminantes y la otra con un sistema de recuperación de helicópteros por el que se interesó la NASA. Su gran creación, como hemos comentado, fue el motor de agua, un invento que le supuso enormes gastos para la época (hasta 9.000.000 de ptas.). Según aseguraba el padre de la criatura, con 2,5 L de agua y 1 kg del producto secreto, se conseguían 3 m3 de hidrógeno, es decir, las mismas calorías que producen 9 L de gasolina de 96 octanos. Tras un periodo de presentaciones por toda España, Estévez Varela desapareció de la escena pública y con él el secreto de su motor.

Más inventos con el agua

Los jóvenes en su Renault 8 impulsado por un motor de agua

Los jóvenes en su Renault 8 impulsado por un motor de agua

También tenemos la historia de dos jóvenes malagueños que en 1972 idearon un sistema para hacer funcionar el motor de un coche con hidrógeno. El vehículo utilizado fue un Renault 8, matrícula MA-88928, con el que hicieron 3 vueltas a una plaza de toros en presencia de cerca de 2.000 espectadores. Los dos emprendedores que hicieron posible este invento fueron José A. Pérez Calvo y Antonio Rueda Dueñas. Naturalmente nunca explicaron cómo habían logrado producir el hidrógeno que hacía falta para mover el vehículo, ya que, a diferencia de Estévez Varela, que producía el hidrógeno en un depósito que llevaba el vehículo, estos dos jóvenes lo habían hecho en casa y lo llevaban en un contenedor. Lo curioso del caso es que ni Pérez ni Rueda tenían prácticamente ninguna noción de química.

¿En el Boro está el secreto?

A pesar del peso de la historia, parece que al final la Universidad de Minnessota y el Instituto de Ciencia Weizmann de Israel han retomado los experimentos de Estévez Varela para tratar de aislar su famoso “producto secreto”. Y han descubierto que el boro (5º elemento de la tabla periódica), en contacto con el agua permite crear hidrógeno de manera gaseosa, un muy buen combustible.

Después de haberlo usado para crear energía mecánica para el motor, el hidrógeno vuelve a emitir boro, que se puede utilizar de nuevo, y así recomienza el ciclo. Por lo visto, para este proceso también se pueden utilizar otros metales reactivos, como el níquel, el zinc o el cobre.

La polémica, pues, está servida: ¿es posible hacer funcionar un vehículo con agua? ¿Realmente las poderosas compañías petroleras han actuado para que estos inventos no salieran a la luz? Tenemos sobre la mesa un caso más para Iker Jiménez y su Cuarto Milenio.

 

STANLEY MEYER: ROMPIENDO LA MOLÉCULA DEL AGUA

El sistema de Meyer  consistía en romper la molécula de agua a base de impulsos eléctricos positivos a varios kV y frecuencias entre 10 y 15 kHz

Otro caso “conspiranoico” es el de Stanley Meyer, propietario de varias patentes. Meyer trabajó para la NASA y en 1993 fue escogido Inventor del Año. Su sistema consistía en romper la molécula de agua a base de impulsos eléctricos positivos a varios kV y frecuencias entre 10 y 15 kHz. La mezcla se inyectaba al motor y la combustión volvía a producir agua. Meyer afirmaba que su circuito podía funcionar sin añadir más agua, ya que la que salía por el tubo de escape se podía reciclar. Según Meyer, se necesitaban 7,4 μl (1 microlitro = 1 mm3) de agua en cada explosión para conseguir 50 CV. Un automóvil modificado con este sistema participó en 1985 en una carrera australiana. Se recorrieron 1.800 millas, y el motor en ningún momento se calentó. La ventaja del invento de Meyer es que el vehículo no transportaba hidrógeno, sino que lo producía al momento. Ver vídeo de portada

Stanley Meyer

Stanley Meyer

La historia de Meyer tiene un punto de misterio y de fascinación para todos los que creen que a las petroleras y a los gobiernos no les interesan inventos de este tipo porque les harían perder millones de dólares: cuando tenía 57 años y estaba en un restaurante con su familia, Meyer se levantó de la mesa gritando que le habían envenenado. Salió corriendo hacia el coche para ir al hospital, pero murió antes de llegar.

Según los médicos, la causa de la muerte fue un aneurisma cerebral. O quizás realmente alguien lo envenenó para hacer desaparecer su invento?

Como es lógico, el motor de agua tiene muchos detractores, porque científicamente es imposible: el agua es hidrógeno oxidado con oxígeno (H2O), por tanto, como el agua proviene de la combustión del hidrógeno en presencia del oxígeno, no es sino una ceniza resultante de una combustión, y como tal es incapaz de liberar energía. Así que, por muchos trucos y materiales secretos que utilicemos para hacer que el agua libere energía, primero hay que proporcionársela, porque la que tenía se perdió cuando se formaba.

 

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