El catalán de 37 años, gana el Dakar 2014 impulsado por la confianza y por su experiencia en la prueba.

Marc Coma lo ha hecho otra vez posible: ha ganado su cuarto Dakar, tal vez el más duro de los que se han celebrado en Sudamérica. Después de un año de ausencia, lejos del raid, Coma se ha impuesto a un combativo Barreda.

Y lo hizo con el oficio y la serenidad que otorgan los años: Coma, ha ganado experiencia en navegación y pilotaje, apenas se ha caido y ha ido rapidisimo. Y esta vez lo ha hecho más solo que nunca, sin su representante Jordi Arilla y sin mochilero, dentro de un contexto de equipo ajustado.

Marc Coma en la última etapa

Marc Coma en la última etapa

Dos claves son las que definen el triunfo de Marc Coma. Por una banda, paciencia infinita y tesón, ya que en las primeras etapas quedó relegado tras Joan Barreda, que volaba con su Honda. Por otra, Coma se hizo fuerte en el seno de un equipo con cuatro números uno en el que los recelos se fueron desvaneciendo a medida que la prueba iba descartando candidatos al triunfo.

Hasta que, por fin llegó el momento en el que la carrera le puso en su sitio. Barreda iba como un tiro, pero la moto se quedó sin combustible en plena especial durante la quinta etapa, la de mayor dureza de este Dakar 2014. Fue el momento en que Coma se hizo con el liderato y se lo quedó para él gestionando con inteligencia y aplomo los últimos kilómetros en Argentina, la entrada a Bolivia, la etapa maratón, el regreso al desierto de Atacama y en las dunas de Copiapó. Obtuvo su primera victoria de etapa camino de Tucumán, y sumó luego dos más. Con la amplia ventaja que consiguió (casi una hora respecto a Barreda) se permitió incluso cambiar el motor de su KTM. Y así, gracias a una carrera prácticamente perfecta se coronó a su llegada a Valparaíso.

Tras una última especial convertida en un paseo para el campeón, Marc Coma se subió al podio final. A su derecha, Jordi Viladoms, ex mochilero del de Avià, que regresó al equipo KTM de rebote (suplió al fallecido Kurt Caselli). La tercera posición del podio la completaba Olivier Pain (Yamaha), un joven francés más cerca del amateurismo que del profesionalismo, que trabaja de obrero de la construcción en la empresa de su padre.

La mención especial es para Laia Sanz, una piloto que ya figura en la historia del Dakar gracias al séptimo puesto logrado en la novena etapa, el mejor de una mujer en la competición.

La catalana terminó 16ª en la general. Aunque deberá superarse a sí misma si quiere batir la marca de Christine Martin, décima en un Dakar. Tiempo al tiempo.

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